Nadie entiende bien qué es la antropología y, de hecho, el estudiante medio de la carrera o egresado joven no somos una excepción a esto. Pero el otro día viví una situación sumamente insólita sobre la creencia social de la incumbencia de la carrera (cortesía de
Bones).
Contexto de fiesta, carnaval.
Invitado #1: ¿Ustedes eran las antropólogas?
Yo: Sí.
Invitado #2: ¡¿Qué van a ser antropólogas?!
Yo: [¡!] [levanto ambas cejas, sorprendida, pero no alcanzo a decir nada]
Invitado #2: A ver... si sos antropóloga como vos decís, a ver, decime ¿Cuántos años tengo?
Yo: [¡!] [más sorprendida aún, no entiendo bien pero me resulta gracioso, esto es nuevo: no parece querer meter a los dinosaurios en la discusión] ¿¡Qué se yo cuántos años tenés?! No soy Aschira ¿Vos te creés que soy adivina?
Invitado #2: Dale, decime. A ver. Deberías saber [insistente el pibe]
Yo: No sé ¿Veintidós? [hace un rato había escuchado que sus amigos tenían esa edad]
Invitado #2: ¡Nada que ver! ¿Ves que no sos?
Yo: Veintitrés. Veintiuno.
Invitado #2: No. [Me pone cara de sobrador, canchero. Me dan unas ganas incontrolables de surtirle una trompada en esa cara de superado que insiste en mostrarme con arrogancia...] ¡Vos no sos antropóloga, sino tendrías que saber por los huesos!
Yo: [Uff. Este pibe ve mucho la tele, la flasheó con Bones] Es que yo no soy de
esa clase de antropólogos.