mardi, mars 24

Conexión.



A veces sos sólo una fisonomía que me enamora: hay momentos en que muero por una mirada de aprobación, por una mueca altamente cargada de información kinésica, por esos rulos que bailan al ritmo del viento y forman una sola melodía tanto con él como con la sonrisa que solés esbozar como un regalo que me das de a poco, cuando lo merezco. En cuotas. Tan con cuentagotas que logra convencerme de que es un premio que debo ganar (quizás por eso a veces me gustás tanto: porque siempre me gustó lo difícil… aquello que me da trabajo, porque si es fácil, es aburrido y no vale la pena –dice mi inconsciente-). A veces doy mi vida por esa mirada con ojos chiquitos y los músculos de tus párpados un poco apretados, que denotan un aire de severidad (y yo estoy segura, en esos momentos, de que son un código secreto, -sólo conocido y entendido por nosotros dos- cuyo significado es simple: hablé demás, dije algo que no debía, tengo que solucionar la situación con un chiste o un pequeño roce de mi dedo índice sobre la piel de tu nuca, un comentario gracioso y un beso. Listo. Volvemos a las feromonas. A tus risas, a mis chistes y sinsentidos. A los roces y a tus besos. Entonces ya está.). Hay veces que sos sólo ese par de brazos que cuando rodean mi cuerpo y posan sus manos sobre mi piel, intercambiando feromonas por la proximidad y cantidades inexplicables de energía, me producen una enormidad de escalofríos… y me llevan a pensar que la vida quizás es eso: un flujo continuo de momentos grises o blancos, aburridos e irreflexivos, tontos, rutinarios; que forman un continuum, una línea recta que nos aburre y despoja de toda esperanza. Eso, interrumpido por cortes de colores (no importa cuáles sino sólo que sean vibrantes) repletos de energía brillante, intensa, vital y donde los límites del lenguaje se manifiestan más que en cualquier otro tipo de situación inducida por la interacción social que sea. Hay veces que no puedo ver más allá de estos momentos mágicos de enamoramiento fisonómico, corporal. Despojado de toda sociabilidad. De conexión no-lingüística, sino en un plano más elevado. Casi cósmico, casi primitivo. Asocial. Hay veces que sobran las palabras. O que son tan pocas que esforzarse en intentar usarlas es en vano: es entonces cuando sólo queda vivir y hacer la puesta en práctica de la teoría. Porque el lenguaje es eso: la teoría. Y la vida es la práctica. Y es precisamente entonces cuando hay olvidarse del sobrevaluado uso posmoderno del lenguaje, guardar todas las palabras –tanto las dichas así como aquellas que se están por decir- bien abajo en un cajón, taparlas con todas las cosas viejas que ya no usamos y salir a vivir la bella complejidad que significa la vida de ahí afuera. El mundo y las personas, los roces. Aquellos elementos que, a fin de cuentas, nadie pudo explicar jamás.

Después de todo, la vida y el universo nunca fueron lo que alguna vez alguien dijo de ellos, sino lo que se nos revela como resultado de la observación/experimentación.

Y absolutamente siempre un movimiento físico es más revelador y representativo que tres mil cuatrocientas palabras.

3 commentaires à propos de cela:

Sol a dit…

Ay neni!¡Qué bello que escribís! (la palabra "lindo" le queda chico)

nuria a dit…

Hola, bonita!!! (justo estaba editando) :D

Queremos leerteeee.

Pili a dit…

Queremos leerte Sol. Nuri, touché, me encantó.
Besos.