En un principio, "vi" unos lunares blancos sobre un fondo negro que se avecinaban hacia mi mismidad más central* al ritmo de la música de fondo de la relajación. Se trataba, a pesar de la variación del color, del diseño de una tela que me había comprado una vez mi mamá (cuando yo era adolescente) para coserme una blusa: lunares de un poco más de un centímetro de diámetro, pero un poco móviles... respondiendo al estímulo sonoro. Luego, tuve un estado de relajación más plano y no-imaginativo del que no recuerdo nada; el cual fue seguido por la visualización -clara e inconfundible- de la textura blanco-amarillenta e irregular de las galletas de arroz que últimamente y sin falta conforman todos mis desayunos y meriendas. Untadas con mermelada de durazno y acompañadas por mi mejor amigo el café con leche, claro está.
Moraleja: creo que soy galletas de arroz-dependiente. ¿Habrá granjas especializadas en curarte de la adicción donde hacés pasta frolas, alfajorcitos de maicena, pepas y toda clase de alimentos a base de harina de trigo?
*Concepto impreciso, pero muy acorde a lo que sentí en ese instante.
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