Los dioses hicieron de barro a los primeros maya-quichés. Poco duraron. Eran blandos, sin fuerza; se desmoronaron antes de caminar. Luego probaron con la madera. Los muñecos de palo hablaron y anduvieron, pero eran secos: no tenían sangre ni sustancia, memoria ni rumbo. No sabían hablar con las deidades, o no encontraban nada que decirles. Entonces las deidades hicieron de maíz a las madres y a los padres. Con maíz amarillo y blanco amasaron su carne. Las mujeres y los hombres de maíz veían tanto como las deidades. Su mirada se extendía sobre el mundo entero.
Las deidades echaron un vaho y les dejaron los ojos nublados para siempre, porque no querían que las personas vieran más allá del horizonte.
Eduardo Galeano
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