-¿Cómo te llamás?
- Nuria.
- ¿Luria?
- No, Nuria. Con "n".
- Bueeeeno, es lo mismo.
- No, no es lo mismo.
Corte.
- ¿Cómo te llamás, linda?
- Nuria.
- Ah, como el puente.
- No, ese es La Noria y yo me llamo Nuria. (lo voy a matar)
- Ah... ¿y sos de acá?
- Sí ¿de dónde voy a ser? (agárrenme que lo mato a este gil)
Desde chiquita, en los ensayos de que entiendan mi nombre, pasé a llamarme: Gloria, Moria, Nadia, Luria, Noria, Noelia, Nubia, etc. Antes, mi actitud consistía en modular y vocalizar perfectamente bien cada fonema para intentar achicar, al máximo, el margen de error -porque pocas cosas me enojan más que digan mal mi nombre-. Ahora que estoy vieja e intolerante la comprensión de mi nombre se tornó una especie de detector de bananas o "bananómetro", y es por ello que no hago ningún esfuerzo por que lo entiendan, esperando -ansiosa- la repetición -que, por cierto, nunca tarde en llegar-.
2 commentaires à propos de cela:
Ese pibe definitivamente estaba mal de la sabiola, y no necesitabas el bananómetro, se notaba a kilometros la cosa.
Besossssss, Noria.
Jajajaja.
Es que vos sos demasiado inteligente y no te sale hacerte la tonta ante el bananismo masculino... Debe ser eso Luria, Loria, La Noria.
Besos y amor, amor y besos, besos y amor, amor y besos y así sucesivamente hasta el infinito límite de la eternidad eternamente eterna
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