mardi, septembre 1

Una CSI tercermundista y precarizada

¿Alguien puede explicarme como yo, una triste adulta joven que no tiene televisión por cable desde la tierna edad de los trece años, se vuelve fanática de una serie norteamericana criminalista-policial? Desde hace unas semanas ya me veo bajando todas las temporadas con una actitud un tanto neurótica y, lo que es peor, soñando con casos y resoluciones (que siguen un patrón similar a aquellos que se pueden seguir en la serie televisiva, sólo que yo les agrego un toque onírico y tercermundista que los tornan un poco bizarros).
Hace un par de noches atrás, por ejemplo, soñé que había un criminal que hacía cosas muy malas a la sociedad (creo yo que era un asesino despiadado o algo así). Yo, una especie de CSI tercermundista y precarizada, debía conocer la identidad del sujeto y, claro está, detenerlo. Ahora bien, no sé de qué modo un tanto extraño, conseguí parte del tatuaje del criminal (creo que lo extraje casi como una "huella" del lugar del crimen), lo digitalicé y cotejé en una base de datos de tatuajes que poseía mi lugar de trabajo. Así, en unos minutos, la computadora dijo algo así como "match founded", pero en criollo, e identificó al asesino, quien no era más que Francisco De Narváez y, por supuesto, el tatuaje hallado en la escena del crimen era ese tan distintivo que lleva en su cuello. Por supuesto, lo arresté y el sueño tuvo un final feliz, ya que no sólo detuve al asesino material de un crimen, sino que además liberé a la sociedad de tremenda mala elección y, potencialmente, asesino indirecto; por lo que fui heroína por partida doble. Ahora bien, nótese la buena voluntad de la gente y el mecanicismo de mi sistema de razonamiento, pues la fórmula era mecánica y unidireccional: una persona, un tatuaje. Nada de andar repitiendo patrones... muy considerado de su parte.

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